Con este proyecto se buscó desarrollar un espacio dedicado al vino que, además de cumplir su función, se destaque visualmente dentro del ambiente. El proceso se conformó por la construcción en taller, el armado de las piezas y el montaje final en obra.
La cantidad de curvas que definían la forma del mueble representaron un desafío: La estructura se compone de una sucesión de cortes verticales, todos diferentes entre sí pero con una lógica de continuidad que genera una sensación de movimiento. Cada una de estas piezas fue ruteada individualmente a partir de placas de MDF, siguiendo archivos digitales precisos que permitieron mantener simetrías, distancias y puntos de encastre.
El proceso de despiece fue clave: se diseñaron ranuras y apoyos ocultos para que todas las partes puedan ensamblarse entre sí con firmeza sin necesidad de herrajes visibles. Esto exigió un trabajo minucioso de numeración, lijado y ajuste antes del armado final. También fue importante pensar en el orden de montaje: al tratarse de un volumen tan complejo, hubo que prever qué piezas debían colocarse primero, y cómo se iban encastrando las siguientes sin perder alineación ni estabilidad.
El mueble cuenta con tiras LED cálidas tanto en su base como en los estantes empotrados de la pared, con el objetivo de destacar las líneas del diseño. Fue necesario planificar con precisión el recorrido del cableado desde el inicio y todas las conexiones se resolvieron por dentro de la estructura, utilizando canaletas ocultas y puntos de acceso estratégicamente ubicados.
El resultado final combina funcionalidad —ya que el mueble aloja una máquina dispensadora de vino y ofrece espacio de apoyo— con una fuerte presencia visual. Es una pieza que se integra al ambiente, pero al mismo tiempo marca su propia identidad dentro del conjunto.